10 preguntas para Scott Conarroe

Scott Conarroe es -desafortunadamente y espero que por poco tiempo- casi un desconocido en España. A pesar de disfrutar de una trayectoria envidiable en el panorama de la fotografía documental comtemporánea de Canadá y EEUU, ha pasado desapercibido para muchos de nosotros. Su reconocimiento más reciente ha sido el premio Duke and Duchess of York Prize in Photography, que ha recibido esta primavera. Debo confesar que yo no lo descubrí hasta hace poco más de un año. Desde entonces, soy un incansable seguidor de su trabajo, que recomiendo encarecidamente a los amantes de la fotografía a la vez purista y enigmática. En la entrevista que tengo el honor de publicar hoy, Scott no solo desvela aspectos formales y prácticos de su obra, sino que nos lleva de la mano por su lado más conceptual, su desarrollo como fotógrafo y su andadura por el mundo del arte. Quisiera agradecer desde aquí su afán colaborador, los valiosos consejos y, por supuesto, la impresionante obra que nos ofrece. No os dejéis asustar por la longitud del texto: prometo que merece MUCHO la pena.

© Scott Conarroe

10 questions for Scott Conarroe - Unfortunately and I hope not for long, Scott Conarroe has been almost unknown in Spain. Despite an outstanding career in the Canadian and American scene of contemporary and documentary photography he has gone unnoticed by many of us. His latest recognition was the Duke and Duchess of York Prize in Photography, which he received last spring. I must confess I did not discover him until just over a year ago. Since then, I have been a tireless supporter of his work, which I strongly recommend to those who love a kind of photography both purist and enigmatic. In the interview that I have the honor of publishing today, Scott reveals not only formal and practical aspects of his work, but he also tells us about his conceptual side, his development as a photographer and his journey through the world of art. I would like to thank him for his sincere collaboration, his priceless advice and, of course, the impressive body of work he offers to us. Do not be scared by the length of the text: I promise it is well worth it.

 

(Scroll down for English)

400. ¿Por qué hace fotografías?
Scott Conarroe. Siguiente pregunta…

400. Al examinar las galerías fotográficas en su web, encontramos una interesante división en proyectos y estudios, ¿cuáles son sus diferencias y porqué se decidió a crear estos grupos?
S.C. Hasta no hace mucho solo había fotografías y vídeos. Dividí las fotos en proyectos y estudios porque a veces el trabajo se convierte en una exploración interesante de una idea y, en otras ocasiones, debo contentarme con imágenes que me gustan sólo a modo de fotografías. Las imágenes en sí mismas pueden ser igual de fuertes o mediocres, pero hay diferencias en cómo cada cuerpo de trabajo se sostiene. Veo los proyectos como grupos susceptibles de análisis y crítica; también imagino que contribuyen al mensaje general al que dedico mi trabajo. Los estudios son más bien bocetos.

Mis mejores obras han surgido de cosas hacia las que me he sentido atraído de manera intuitiva. No se me da muy bien pasar de buenas ideas a buenos proyectos. Suelo volver a los estudios para ver qué he estado observando. By Rail surgió a raíz de imágenes de Halifax y Londres, y By Sea surgió de By Rail. Últimamente estoy empezando un proyecto que nació a partir de lo que parecían ser unas insípidas fotos turísticas de hace dos años.

400. La mayoría de sus fotografías tienen un feeling clásico americano, y nos recuerdan a los paisajistas viajeros de los 70. ¿Ha elegido esta línea visual de manera consciente o se trata de su forma natural de hacer fotos?
S.C. Siempre imagino que mi trabajo está en algún lugar entre los Becher y Sugimoto, entre el fotoconceptualismo de Vancouver y el impresionismo francés, pero no puedo negar que me identifico fuertemente con varias ramas de la fotografía tradicional americana. Supongo que proviene de las experiencias vividas y la cercanía geográfica, pues no estaba muy al corriente de los fotógrafos del New Color hasta la quincuagésima vez que me describieron como un apóstol de Misrach, Shore y los New Topographic. Seguramente es la ignorancia la que me hace dejarme llevar cómodamente por lo que dicen; no sentí la necesidad de rebatirles o de definir mi estilo en esa dirección. En realidad, a quien me acerqué conscientemente fue a Robert Frank. Le emulé descaradamente durante un tiempo. Sí, Robert Frank, aquel tipo suizo que se instaló en Canadá después de Les Américains definió a grandes rasgos la América on-the-road. Compararme con los paisajistas de los 70 es, no obstante, acertado, pues es una línea muy parecida. Busca un equilibrio entre lo casual y lo deliberado, hay un sentido de exploración y descubrimiento que no resulta eclipsado por la retórica o por las biografías de cada uno. Cuando se hace bien, este tipo de fotografía es un foro de observación y contemplación de la belleza, así como una discusión certera sobre la forma en la que el mundo está organizado.

400. Las fotografías de zonas urbanas en las que no aparecen personas siempre han existido. No obstante, en los últimos años, parece haber una tendencia general hacia este estilo, habiendo llegado a convertirse en una auténtica moda en la fotografía contemporánea. ¿Qué opina de este fenómeno?
S.C. Puede ser simplemente que hoy en día se hacen MUCHÍSIMAS fotos, e internet y los nuevos modelos de publicación hacen posible el acceso a muchas de ellas. Si a alguien le van las fotos de paisajes vacíos, o las instantáneas hipster o los animales fotografiados como modelos de moda, seguramente haya una página de internet en la que ver nuevas imágenes a diario. Creo que hace mucho que pasamos de la tendencia al cliché, aunque a pesar de ello opino que aún merece la pena considerar el por qué de la ciudad vacía como convención fotográfica. A cierto nivel, puede estar relacionado con el hecho de que más de la mitad del mundo vive ahora en ciudades. Quizá nos estamos haciendo a la idea de que nuestro hábitat es ahora el entorno urbano, y la gente siente que tiene el derecho –incluso la obligación– de investigar la ciudad como concepto. A la vez, flota en la psique de la civilización occidental el fantasma del ocaso del imperio. Entre la inestabilidad económica y la idea de que la Tierra en sí tiende a desaparecer, no es raro que veamos un pequeño Ercolano en cada ciudad. Incluso los proyectos de desarrollo progresivo (como los que convierten viejas fábricas en apartamentos y cafeterías a pie de calle) han transformado algo tan inocuo como la hora del café en una intensa experiencia museológica. Los artistas de los 70 estaban rodeados de gente como Vonnegut, que decía que Nueva York era un “parque nacional de rascacielos” (Slapstick, 1976), o las ruinas de Washington DC en La fuga de Logan (también de 1976). Esta visión del mundo ha sido popular durante toda mi vida.

400. La mayoría de sus fotos están hechas al atardecer o al amanecer, y a menudo desde lugares elevados. El impacto de esto en las imágenes es enorme. ¿Por qué eligió esta manera de hacer fotos y hasta qué punto cree que define su estilo personal?
S.C. En mi último año en la escuela de arte trabajé duro en un proyecto sobre los puentes de Vancouver. Iba de noche y fotografiaba las estructuras internas de aquellos enormes espacios de hormigón. Era un buen proyecto de estudiante: Los Brecher se encuentran con Sugimoto en Jeff Wall City. Exposiciones de varias horas, procesado manual y ampliaciones químicas por división de tonos… Vivía y respiraba fotografía y cuarto oscuro veinticuatro horas al día. De alguna manera, esto hizo que me pusiese en marcha, aunque también acabé bastante quemado. Después de aquello me sentía como si me hubiese reinventado a mí mismo, aunque ahora, en perspectiva, me limité a reaccionar contra las cosas que había estado haciendo. Pasé del blanco y negro al color. En lugar de ponerme debajo de las cosas y mirar hacia arriba, me subí encima de ellas. Abandoné el invariable monocromo nocturno y me pasé al impresionismo transitorio de los atardeceres. Empecé incluso a fotografiar escenas en las que la transición era más importante que la continuidad, una técnica que he ido perfeccionando desde entonces. He sacado mucho partido de las fotos elevadas tomadas al atardecer. Me gustan los aspectos estéticos, conceptuales e incluso prácticos de trabajar de esta manera. Define una gran parte de lo que hago.

400. A pesar de ser más conocido como fotógrafo, sus proyectos audiovisuales parecen suponer una parte importante de su producción. ¿De qué manera están relacionados con su trabajo fotográfico y qué tipo de relación mantiene con cada disciplina?
S.C. Una gran parte de mi vida está basada en mi relación con la fotografía. Es muy íntima y amplia, y muchas de mis necesidades abstractas son satisfechas por medio de la fotografía. Una parte de mí diría que, “en este paradigma, el vídeo es como un consolador”, aunque no sería del todo preciso. Al principio lo usaba para describir la continuidad temporal de una serie de fotografías, así como para observar a los elementos gesticulares que la fotografía pasa por alto. En aquella época aún estaba haciendo copias químicas en el cuarto oscuro, así que también suponía una introducción amena al mundo de los ordenadores. Instalaba la videocámara y la dejaba grabando mientras hacía mis fotos. Después montaba pequeños clips a modo de suvenires de cada cuerpo de trabajo. Hay una parte de mí a la que le gustan estos vídeos por ser descuidados, informales y baratos, todo lo contrario que las fotografías. Veo retratada una parte de mí mismo en esos vídeos divertidos y cutres; las fotos, sin embargo, reflejan ideales. Otra parte de mí piensa que los vídeos se aprovechan de una ideología artística que da mayor importancia a la oscuridad que a la franqueza, a lo casual que al trabajo duro, y eso me molesta. Así que, sí, la fotografía y el vídeo son para mí el yo y el ello de mi trabajo.

400. La serie By Rail es probablemente la de más repercusión en su carrera como fotógrafo. ¿Cómo decidió centrarse en esa temática y cómo desarrolló el proyecto? ¿Cuál su relación con la serie By Sea?
S.C. En 2003 me mudé a 6000 km de Vancouver, a Halifax, y después a mitad de camino, al terminar mis estudios. En cada mudanza me deshacía de muchas cosas. Los trabajos que antes estaban ordenados por temas o localizaciones acababan mezclados en la misma caja. Muchas de las copias que conservé eran fotos de vías de tren, y recuerdo haber pensado “vaya, parece ser que estoy trabajando en un proyecto sobre ferrocarriles”.

En 2006 estaba empezando a hacerme a la idea de mi estatus de treintañero con carrera que tiene un trabajo precario, rodeado de chavales que acaban de terminar sus estudios. La vida iba a convertirse en un ejercicio de humildad si no empezaba a hacer algo para ascender en la cadena alimentaria. Ya tenía un cierto público en la costa atlántica de Canadá porque había vivido allí y fotografiado la zona; también había conseguido varias exposiciones al suroeste de Ontario por esta razón. Se me metió en la cabeza que podía salir de mi mundillo regional si empezaba a trabajar en algo más amplio. Las vías del tren son un motivo que aparece en muchos lugares, por lo que se me ocurrió un proyecto que abarcara los ferrocarriles de Norteamérica.

By Rail cambió las cosas para mí. Me abrió las puertas que esperaba, no tanto para convertirme en una estrella del mundo del arte, sino para permitirme un segundo, tercer y cuarto años trabajando en mis propios proyectos. La manera en la que mis ideas maduraban también cambió. Cuando salí de la escuela me consideraba más un fotógrafo conceptual que documental. A pesar de que mi trabajo siempre parecía fotografía paisajística, los proyectos estaban definidos por ideas y procesos más que por el contenido mismo de las imágenes. By Rail aunaba todos aquellos elementos y me hacía mirar hacia fuera. Fue una revelación (aunque no debería haberlo sido) descubrir que prefiero observar a afirmar o postular. Ahora descubro mis pensamientos describiendo lo que veo.

La infraestructura de ferrocarriles de Norteamérica fue un tema perfecto para mí. Se expande en un millón de direcciones diferentes, aunque siempre regresa a la misma estructura básica. Al artista conceptual que llevo dentro le gusta como el proyecto está formado por segmentos de imagen, de la misma manera que las vías del tren. Me gusta la manera en la que el ferrocarril se asemeja a una escultura minimalista que se extiende por un territorio muy vasto. Desde una perspectiva histórica la construcción del ferrocarril desembocó en la aparición del Canadá y la América que conocemos hoy en día. En Europa el ferrocarril unió lugares que habían existido durante siglos; en Norteamérica transformó los confines vírgenes del territorio en lugares en los que la población podía instalarse. Muchas de nuestras ciudades actuales se construyeron a partir de pequeñas paradas de tren. En términos contemporáneos, nuestra relación con el ferrocarril traiciona un concepto único y presente en la psique norteamericana. Mientras que otras naciones mejoran sus sistemas ferroviarios, nosotros insistimos en que los ferrocarriles no funcionan. De manera patológica identificamos los coches con el concepto de independencia y aventura, y percibimos viajar con otras personas a un destino común como un símbolo del hombre del saco del socialismo. En cierto modo, los trenes representan las guerras culturales de América, pues encarnan a la vez a los Padres Fundadores y al complot comunista. Una fuente de vergüenza y de orgullo. Mientras fotografiaba By Rail y el sector del automóvil se iba a pique, se estaban pavimentando las antiguas vías de tren para que la gente patinara sobre ellas. China, en plena expansión económica, se embarcaba en una ampliación ferroviaria valorada en billones. Todo esto contribuía a la idea de que nuestra era dorada iba paralela al arco narrativo de la historia de nuestros ferrocarriles.

Mi proyecto sobre la costa de Norteamérica es una respuesta a By Rail. By Sea se hace eco de su predecesor y, a su vez, lo invierte. En lugar de seguir una línea de infraestructuras a través de un paisaje postindustrial, traza un contorno alrededor de él. By Rail describe el presente a través de la lente de la historia; en By Sea pretende plasmar la nostalgia del momento presente antes de que nos demos cuenta de lo que el cambio climático supone realmente. Más que representar una era, veo las líneas costeras como un dispositivo de sujeción: por un lado representan el principio de nuestra civilización, cuando lo europeos llegaron al continente, por otro suponen otro cambio radical encarnado en la subida del nivel del mar que amenaza nuestro perímetro. By Sea añade otra dimensión a la América anglosajona descrita en By Rail y recontextualiza unas series más bien épicas como, sencillamente, una misma unidad de trabajo dentro de un proyecto más amplio.

400. Sus imágenes son muy refinadas, a menudo más cercanas a la pintura que a la fotografía. ¿Qué esquema de trabajo sigue para reflejar eso en sus copias finales para exposición/venta?
S.C. Creo que ese efecto pictórico ocurre principalmente en la cámara. Mis exposiciones van de varios segundos a minutos, y la luz cambia constantemente. Mis negativos no reflejan realmente lo que ve el ojo, sino distintos momentos visuales en una única imagen. El tiempo se abstrae, el espacio se comprime y la combinación de colores aumenta la distancia entre mis fotos y la realidad. Eso ocurre gracias a la romántica mezcla de luces que me gusta. La ausencia de sombras hace la componente de realidad aún menor. Dado que mis exposiciones son largas y la ventana de trabajo pequeña, suelo hacer muy pocas fotos cada vez. Evito la necesidad de hacer pequeñas correcciones trabajando con la intención de hacer la foto “perfecta”. Por una parte, esto me lleva a composiciones muy conservadoras, pero por otra hay algo imprudente en poner todas mis expectativas en una única toma. Creo que esto contribuye a la extrañeza de las imágenes.

Paso mucho más tiempo observando que haciendo fotos. A pesar de ello, hago fotos casi todos los días. Sólo escaneo un puñado de veces al año; probablemente eso afecta a lo que elijo desarrollar después. Cuando proceso las imágenes sigo una lógica básica de cuarto oscuro: asegurarme de que toda la información es legible y que contribuye a la imagen en su conjunto. Mi flujo de trabajo es básico: limpio la imagen, hago un ajuste de curvas, añado una máscara para un ajuste de tonos medios, uso esa máscara para ajustar la saturación, jugueteo con las zonas con defectos, aplico enfoque y hago una prueba de impresión.

400. Su éxito como fotógrafo es relativamente reciente. En los últimos 10 años ha pasado de ser un artista desconocido a encontrarse entre los más respetados, especialmente en Canadá. ¿Qué consejos daría a los fotógrafos que se esfuerzan en dar a conocer su trabajo?
S.C. Hace diez años acababa de terminar mis estudios de arte y trabajaba en un restaurante. Hace cinco, terminé mis estudios superiores y me embarqué en una serie de trabajos de poca monta. Ahora floto en la gloria de estar entre “los más respetados”. Muchas gracias, Juande.

Conseguir exposiciones sigue siendo un misterio para mí. De vez en cuando te ofrecen cosas. Luego, sin razón aparente, salen mal. A veces probablemente por mi culpa. Cosas que planeas durante años te dejan insatisfecho cuando llegan. Otras veces van bien; en ocasiones mejor de lo que esperabas. Ocurren tantas cosas que se escapan a mi comprensión que me limito a intentar no tomármelo muy a pecho. Y a veces incluso lo consigo. Me consta que hay un público para mi trabajo, pero me da la impresión de que la exposición o la publicación o el pedacito de reconocimiento que da sentido a todo sigue dejándome de lado.

He tenido la suerte de poder trabajar en algunos proyectos increíbles. El secreto para trabajar en lo que uno quiere es, sencillamente, trabajar en lo que uno quiere. Es muy simplista, pero hay que darse cuenta de que una carrera de proyectos autodirigidos supone hacer sacrificios en otras áreas de tu vida. Mis expectativas de comodidad y seguridad son diferentes de las de otras personas de mi edad. Si, a pesar de todo, uno desea ser un artista, mi consejo es hacer algo cada día que pueda dar un empujoncito a tu carrera. Escribir un email, tomar café con otro artista aunque no me apetezca, hacer una entrevista con un blogger español… Cualquier gesto, ya sea minúsculo o tremendamente ambicioso, es válido siempre que lo hagas a diario. Si el trabajo está bien, todas esas cosas se convertirán en algo cercano a una práctica profesional. Hay gente que llega de golpe y tiene un enorme éxito, pero hasta ahora mi experiencia se ha limitado a disfrutar de la fotografía y construir un grupo de seguidores persona a persona.

Creo que este es un buen momento para mostrar mi gratitud. By Rail fue hecho posible gracias al Canada Council for the Arts y Light Work. By Sea se llevó a cabo gracias al Ontario Arts Council, Light Work, y el Canadian Forces Civilian Artist Program. Estoy profundamente agradecido a estas organizaciones y a la galería Stephen Bulger.

400. ¿Podría precisar una imagen o serie, ya sea suya o de otro, que en un momento dado de su carrera le haya sugerido el rumbo que tomaría?
S.C. Libero, de Petra Stavast, es una gran inspiración. Superficialmente es muy diferente al trabajo que yo hago. Sin embargo, en otros aspectos, su manera de equilibrar el lugar y la cultura, así como su navegar por el paso de la historia, son elementos idénticos a aquéllos en los que yo trabajo.

© Petra Stavast

400. Why do you take pictures?
Scott Conarroe. Pass.

400. When examining the photography galleries n your website, it is interesting to find your pictures divided in two groups: projects and studies. What are the main differences between them and why did you chose this division?
S.C. Until recently there were just photographs and videos.  I split the photos into projects and studies because sometimes working amounts to a meaningful exploration of an idea and sometimes I have to be satisfied with images I just enjoy as photographs.  The pictures themselves are similarly strong or weak, but there’re differences in how each body of work can stand up for itself.  I see the projects as worthy of scrutiny and critique.  I also imagine they contribute to some larger conversation my practise is engaged in.  The studies are more like sketchbooks.

My best work has come from things I’ve been drawn to intuitively.  I’m not so skilled at translating “good ideas” into “good projects”.  I go back to the studies to see what I’ve been looking at.  By Rail came out of pictures from Halifax and London, and By Sea came out of By Rail.  These days I’m prepping for a project that came out of what seemed like inconsequential tourism two years ago.

400. Most of your pictures have a classic American feel, reminding us of on-the-road landscape photographers from the 70s. Have you chosen this visual line consciously or is it just a natural way of taking photographs for you?
S.C. I always imagine my work somewhere between The Bechers and Sugimoto and Vancouver Photoconceptualism and French Impressionism, but I can’t deny I identify strongly with several strains of Americana.  It must come from lived experience and adjacent geography because I wasn’t so aware of the New Color guys until the fiftieth time I was described as a MisrachShoreNewTopographic apostle.  It’s probably that ignorance that let me slip comfortably into their wake; I wasn’t compelled to reject them or to style myself that way…  actually, the break I consciously made was from Robert Frank.  I emulated him shamelessly for a while.  Yes, Robert Frank the Swiss guy who settled in Canada after Les Américains more or less defined on-the-road AmericaYour comparison to 70s landscape photography is fitting though; it’s a look I like.  It strikes a balance between casual and deliberate.  There’s a sense of exploration and discovery that isn’t eclipsed by rhetoric or my/their biography.  At its best, it’s a forum for observation and the contemplation of beauty and elliptical discussions about how the world is arranged.

400. Photographs of urban areas devoid of people have been around for a long time now. Nevertheless, in the last years, there seem to be a common tendency to this style, almost becoming a trend in contemporary photography. What do you think of that phenomenon?
S.C. It might just be that LOTS of photos get made these days, and that the internet and new publishing models allow much of it to get seen.  If someone is into empty landscapes or hipster snapshots or animals photographed in a fashion idiom there’s probably a site to find new work daily.  I think we graduated from trend to trope a while ago, but it’s still worth considering why the empty city is a photographic convention.  On some level it might have to do with more than half the world now living in cities.  Maybe we’re coming to terms with the fact our natural habitat is the urban environment, and people feel as though they have the right –responsibility even- to investigate The City as a topic.  At the same time there’s also an end of the empire ennui floating through the psyche of western civilization.  Between economic turmoil and the notion that Earth itself is collapsing, it’s easy to see a little Herculaneum in every town.  Even progressive development projects -the kind of gentrification that transforms old factories into apartments with a cafe at street level- have turned something benign as lunch into a loaded museological experience…  The 70s guys had Vonnegut describing New York as “Skyscraper National Park” (Slapstick, 1976) and a ruined DC outside the Logan’s Run dome (also 76).  This view of the world has been popular my whole life.

400. Most of your pictures are taken at dawn or twilight, and often from high up locations. The impact of these choices on the images is enormous. Why did you chose that way of shooting and to what extent do you think it defines your personal style?
S.C. In my last year of art school I put a lot into a project about Vancouver bridges.  I’d go at night and photograph up into the understructures of these grand concrete spaces.   It was a good student project:  the Bechers meet Sugimoto in Jeff Wall City.  It was hours long exposures and dunk processing and split-toned prints.  I lived and breathed dark and photo twenty-four hours a day.  It kind of got the ball rolling for me, but I also got burnt out.  After that it seemed like I reinvented myself intuitively, but in hindsight I simply reacted against the things I’d been doing.  I switched from black & white to colour.  Rather than standing underneath and looking up at things, I climbed on top of them.  I abandoned the unchanging monochrome of night for fleeting impressionistic dusk.  I even started shooting scenes that were more about transition than continua.  It’s a shtick I’ve been refining ever since.  I’ve been well served by empty high-up twilit photographs.  I like the aesthetic, conceptual and even the practical dimensions of working this way.  It does define a lot of what I do.

400. Despite being more known as a photographer, your video projects seem to be an important part of your production. How are they linked to your still photography work and what kind of a relationship do you have with each discipline?
S.C. Much of my life is built around a relationship with photography.  It’s intimate and expansive, and many abstract needs are sated by my experiences with pictures.  Part of me wants to say, “in this paradigm, video is like a marital aid” but that’s not quite accurate.  At first I used it to describe the durations contained in a particular series of photos and to look at fleeting gestural things photography disregards.  I was still making darkroom prints then so this was also a playful, low-stakes introduction to computers.  I’d set up the video camera and just let it record while I photographed.  Afterwards I edited little vignettes as souvenirs about shooting each body of work.  Part of me likes the videos for being scruffy and offhand and cheap; they’re what the photos aren’t.  I see a lot of myself in those funny, shitty little videos whereas the photographs are about ideals.  Another part of me thinks the videos pander to an art ideology that privileges obscurity over frankness, and fussing over striving, and I resent them for that… so, yes, photo and video are the Ego and Id of my practise.

400. The series By Rail is probably the one with a stronger impact on your career as a photographer. How did you decide to focus on that subject and in which way did you develop the project? How does it compare with the By Sea series?
S.C. In 2003 I moved 6000 km from Vancouver to Halifax then halfway back after grad school.  I jettisoned stuff with each move.  Work that was once separated by subject or location all ended up in the same box.  A lot of prints I kept had train tracks in them, and I remember thinking, “It looks like I’m doing a project about railways.”

In 2006 I was coming to terms with my station as an educated guy in my thirties working labour jobs with kids just out of high school.  Life was set to be an exercise in humility if I didn’t start climbing the food chain.  I had an audience in Atlantic Canada because I’d lived there and photographed the place, and I’d gotten some shows in southwestern Ontario for similar reasons.  I got it in my head that I could transcend my very regional profile by making work in and about the larger world.  Train tracks are a motif that go a lot of places so I devised a project about North America’s rail infrastructure.

By Rail did change things for me.  It opened doors just like I’d hoped; not so much as to make me an art star, but enough to string together second, then third and fourth years doing my own work.  The way I build projects also matured.  I came out of art school identifying more with conceptual artists than documentary photographers.  Even though my work always looked like landscape photography, the projects were defined by ideas and process rather than what was in the pictures.  By Rail  accommodated all those things and shifted my gaze outward.   It was a revelation (even though it shouldn’t have been) to discover I like observing more than asserting or positing.  I now learn my thoughts by describing what I see.

NA’s rail infrastructure was a perfect topic for me; it’s expansive in a million different ways but always returns to the same basic structure.  The conceptualist in me likes how the project is assembled from units of picture like railroads are assembled from units of track.  I like how the railway resembles a minimalist sculpture stretching out over a vast territory.  In historical terms the building of railroads gave rise to the Canada and America we know today.  In Europe rails connect places that have existed for centuries; in NA they transformed pristine hinterlands into something that could be settled.  Many of our modern cities evolved from barely relevant whistle-stops.  In contemporary terms, our relationship with rail betrays something unique and fraught in NA’s psyche.  While other developed nations refine their systems, we insist rail doesn’t work.  We pathologically identify cars with a myth of frontiersy independence and view riding with others to a common destination as tantamount to the bogeyman Socialism.  In a way trains pick at the nerve of America’s culture wars; they’re both Founding Fathers and communist plot.  They’re a source of shame and welling pride.  While I shot By Rail and our auto sector crumbled, we were paving old rail lines to rollerblade on.  China, flexing economically, embarked on a massive trillion dollar rail expansion.  This all contributed to a sense that our golden age ran parallel to the narrative arc of our railways.

My project about NA’s coastlines is very much a response to By RailBy Sea both echoes and inverts its predecessor.  Rather than following a line of infrastructure through post-industrial landscapes, it traces a contour around them.  By Rail describes the present through the lens of history; in By Sea I’m projecting nostalgia for this moment before we fully grasp what climate change means.  Rather than paralleling an era, I see coastlines as a bracketing device; on one side this civilization began when the first European stepped ashore, and on the other side another profound shift is illustrated by rising sea levels that breach our perimeter.  By Sea adds dimensions to the Anglo-America described in By Rail, and it re-contextualizes a rather epic series as simply one unit of work in a larger meta-project.

400. Your images are very refined, sometimes closer to pictorial work than to photography. What kind of workflow do you follow in order to reflect that on your final prints for display?
S.C. I think that pictorial effect happens mostly in camera.  My exposures range from several seconds to several minutes, and the light is shifting that whole time.  My negs don’t really reflect what the eye sees; they show distinct visual instants as a single image plane.  Time is abstracted, space gets compressed, and blending colours wedge a little more distance between my photos and the real.  This gets compounded by the romantic light I like.  An absence of shadows stretches the veneer of realism even thinner.  Since my exposures are long and the shooting window is brief I make very few photographs at a time.  I compensate for small edits by shooting with the intention of making a single “perfect” picture.  On one hand this leads to very conservative compositions, but on the other there’s something reckless about investing all my expectations in one shot.  I think this adds to their oddness.

I spend a lot more time looking than shooting.  I photograph most days though.  I only scan a few times a year; this probably affects what I choose to develop further.  When prepping files I use basic darkroom logic:  make sure all the information is legible and compliments the image as a whole.  My workflow is basic:  I spot, do a curves adjustment, make a mask for a midtones curve adjustment, use that mask to adjust saturation, fuss with the lame areas, sharpen, and test.

400. Your success as a photographer is relatively recent. In the last 10 years you have gone from being an unknown artist to a highly respected one, especially in Canada. What kind of advice would you give to artists, especially photographers, struggling to put themselves out there and show their work?
S.C. Ten years ago I finished art school and worked at a restaurant.  Five years ago, I finished grad school and enjoyed a string of demeaning jobs.  Now, I bask in the glory of being “highly respected”.  Thank you very much, Juande.

Getting exhibitions is still mysterious to me.  Things come up.  They fall through for no apparent reason.  Sometimes it’s probably my fault.  Things get planned for years and are underwhelming when they happen.  Sometimes they go well.  Sometimes it’s better than expected.  So much goes on without my understanding how or why that I just try to not take it personally.  Sometimes I even succeed at that.  I know there’s an audience for my work, but it feels like the show or publication or bit of recognition that makes everything fall into place still eludes me.

I’ve been privileged with a few dream projects.  The secret to doing the work you want is just do the work you want.  It’s pretty simple, but it’s also worth acknowledging that a career of self-directed projects will mean sacrifices in other areas of your life.  My expectations of comfort and security differ from other people my age.  If you’re bent on being an artist in spite of this, my advice is do one thing every day that might further your career.  Write an email, go for coffee with a colleague whether you like them or not, do an interview with a Spanish blogger…  Any small or boldly ambitious act is fine as long as you do it every day.  If you make decent work, all those one things will eventually add up to something like a professional practise.  Some people sweep in and make a splash with their work, but so far my experience has been one of simply enjoying photography and building my audience person by person.

This seems like the right time to declare my gratitude.  By Rail was possible with support from the Canada Council for the Arts and Light Work.  By Sea was possible with support of the Ontario Arts Council, Light Work, and the Canadian Forces Civilian Artist Program.  I am extremely grateful to these organizations and the Stephen Bulger Gallery.

400. Can you specify a picture or a series of photographs taken by you or by someone else, which suggested to you the path to take at a given moment of your career?
S.C. Petra Stavast’s Libero is inspiring.  On its surface, it looks different from the work I do.  In other ways though, its balancing of place and culture and how we navigate the sweep of history is exactly what I’m into.


3 comments on “10 preguntas para Scott Conarroe

  1. Me encanta este fotografo. Sin duda es de mis favoritos. En mi blog le dediqué una entrada y también he tenido la oportunidad de cruzar unas palabras con el. 
    Voy a leer la entrevista, me interesa y me apetece mucho…..
    Gracias por estas magnífica sección que nos ofreces….

  2. Superb! Thanks Mr. Jiménez &Mr. Conarroe for this iterview, makes people want to keep working on photography!

  3. He disfrutado leyendo y viendo la web del autor…. como (o más que) un niño…

    Que lujo de artista!!!

    Un saludo!!

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